Hijo de las mismas manos, que años ha llenaron Talavera y gran parte de España del arte ceramista, engendró otras manos de las que me dispongo a hablar, con las mias propias.
Bailando cada dedo, con majestuosidad sin par, esgrimiendo notas en el aire como el dibujo de una luz en mis córneas.
Afuera hacía frio, pero dentro de la sala su guitarra alejaba toda otra sensación que fuera ajena a volar, a imaginar, a ser.
A ser y sentirse artista, como al que con solo dos sentidos, pude sentir con mas claridad que con cinco.
Ocurrió tanto Recordando la Alhambra con una lágrima en el seno de mis párpados, como navegando desnudo en el Mar del Norte, o besando los estados del alma a través de Psiquis. Quizás fueron unos Recuerdos Orientales los que me sedujeron, o quizas fueron solo sus manos, acariciando cada cuerda, que escondidas entre trastes, daban voz a " Ese pozo con viento, en vez de agua "