7.11.2012

Be water.

No se me ocurriría alegoría mayor a la vida que el agua. En los danzares maravillosos de las temerarias corrientes marinas, en el burbujeante instante primero de una tormenta, en la incensante canción del ahora de un río, en todos ellos; vive la verdad.

Pues la única verdad es este instante. Es entonces el tiempo una falacia, la mentira de nuestro universo.

Allí donde el tiempo no existe, el pasado es solo una ilusión de un ente sesudo, solemne, catedrático de los recuerdos, adalid del ayer. A su vaporosa y fantasmagórica existencia la llamamos entonces memoria.

Porqué digo esto a razón del agua es sencillo.

El que observa un río no lo hace por largo tiempo, pues en su fluir constante, el agua habrá arrastrado su propio sentido. Sólo el que camina dentro, siguiendo la corriente, puede comprender el río.

Y es que sólo en su infinitamente hermosa impermanencia puede éste ser eterno.

Cíclico, caótico, incesante y perfectamente orquestado, el fluir del agua es la pieza musical maestra, el crisol de todas las esencias, la miscelánea exquisita del todo y la nada, el arte supremo.

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