5.05.2011

Enseñanzas . I

Los ojos del tiempo han contemplado toda clase de historias. Dice su recuerdo que un día, una mujer vació un cántaro de agua con veneno sobre un hormiguero junto a la puerta de su casa, cansada de las pequeñas hormigas y sus constantes expediciones al azucarero. Ese mismo día, al caer el sol, un grupo de gorriones se sirve un festín de las hormigas, ahora muertas.

La pequeña Lucía está triste, el pajarito que su primo mayor cogió para ella esta enfermo. Enjaulado y enfermo. Cree que la culpa es de mamá, que no le ha dado lechuga y por eso ya no canta. Lucía se escapa a la salida del colegio y le pide a la frutera del barrio, Carmen, unas hojas de lechuga para su pajarito.

Carmen lleva toda una vida de amor hacia los demás entre cajas de fruta. Añora la tierra caliente donde nació y el color de los ojos de Ibrahim, que murió en su Cuba natal.

Mónica llega cinco minutos tarde a recoger a Lucía y con la angustia devorándola, tras buscar entre columpios y aulas, vuelve al coche muerta de miedo y sale a buscar a su hija.
Julio aparta la vista de la calle para contestar una llamada.


Y entonces, el frío aire de noviembre se tiñe de desventura, la vida se desvanece entre crujidos de metal, cristales estallando y gritos de la gente que, horrorizada, obseva como el coche de Mónica se arruga contra una farola, embestido por el de un ya inerte Julio.



La vida y la muerte se esconden en un cántaro de agua.

4 comentarios:

MeierH dijo...

me transportó

MeierH dijo...

y con tu permiso Bro .. te lo publico en mi mundo, pongo enlace a tu blog como siempre.

iloviu lo sabes

ababoll dijo...

Aquí, una visitante de su mundo (el de Meier) atraida por las hormigas....
Saludos,
eme.

Luna Meyer. dijo...

ooh, gracias sis!